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Estimulación temprana

8 Verdades Sobre Crecer con Niños de Preescolar con Capacidades Especiales

Dale prioridad a las citas de juego, no te estreses con enseñarle a hacer del baño y siempre, ¡siempre! confía en tu instinto.

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Cuando te enteras por primeva vez que tendrás un pequeño con capacidades especiales, ya sea al nacer, o en los primeros años de vida, hay mucho que procesar. Es algo que experimenté hace ocho años y medio, después del nacimiento de mi primer hija Johanna, quien tiene síndrome de Down. Tan pronto salí de la impresión y me ajusté a un nuevo "normal", me topé con un camino lleno de retos: las altas y bajas de la etapa preescolar. Y mientras cada niño es diferente (con capacidades especiales o sin ellas, lo que funciona para una familia podría no funcionar para la otra), este es mi mejor consejo.

No te sorprendas cuando tu hijo baje su ritmo.

El primer año de la vida de Jo Jo, sentí que viajaba a todos lados con una lista de verificación de etapas de desarrollo a mano. La observaba como un halcón para asegurarme que había logrado alcanzar todas sus metas, respirando con gran alivio cuando se sentaba sola o cuando comenzaba a balbucear, sin embargo me estresaba en silencio cuando no comenzaba a gatear a los ocho o nueve meses como los niños de mis amigas mamás. Y sí, ella terminó llenando las casillas de verificación de esa lista para sus primeros 12 o 18 meses, pero su paso se alentó, más y más, al punto de que no pude ignorarlo. Jamás olvidaré un grupo de juego cuando ella tenía cuatro años, en donde todas las pequeñas niñas inventaban juegos elaborados con sus muñecas Barbie mientras que Jo Jo trataba a sus muñecas como granada. ¿Acaso era doloroso como mamá ver eso? Sin duda. ¿Le molestaba a ella? No. Mi hija lo pasaba genial. Es difícil aprender a revisar tu ego en la puerta, pero en ocasiones es justo lo que necesitas hacer.

Mantén a tu hijo con compañeros sin capacidades especiales lo más que puedas.

Cuando Jo Jo tenía dos años, comencé a buscar programas de medio día para ella, como lo hacía cualquier otra mamá que conocía. La diferencia era que yo no sabía cuál era el mejor lugar para ella. Muchos padres de niños con capacidades especiales me invitaban a probar el programa especial local para este tipo de niños. Sin embargo, aun cuando lo visité y me gustó, no creía que fuera el entorno adecuado para mi hija. Me parecía que habría adultos por todos lados a la sombra de todo lo que haría, y quería que ella aprendiera a hacer cosas por ella misma. Jo Jo era muy social, yo creía que lograría mucho más por el simple hecho de estar rodeada de niños de su edad sin ninguna característica especial. Terminé mandándola a un programa para niños de dos años "regulares" con una niñera como su "cuidadora", y fue la mejor decisión que pude hacer. Logró avances en su habla, aprendió rápidamente a sentarse en silencio en círculo, y lo más importante de todo, hizo amistades que duraron los próximos años. Lo que me lleva a mi siguiente punto...

Haz de las citas de juego una prioridad.

Muchas veces las citas de juego son mucho más importantes que la terapia. ¿Suena contradictorio, cierto? Después de todo, si tienes un pequeño con capacidades especiales, ¿acaso no deberíamos aprovechar cualquier momento activo para enseñarles las herramientas para navegar a través de la vida de una manera mucho más sencilla? Bueno, a veces la mejor manera de que cualquier niño aprenda algo nuevo es siguiendo el modelo de otros parecidos a él. Aprendí esta lección a la mala. Cuando Jo Jo estaba cerca de los dos años, empezamos su terapia "intensiva" de lenguaje y alimentación que involucraba el que fuéramos de un lado a otro tres veces a la semana. Como resultado, ella tenía que faltar a su grupo de juego, a su clase de baile y otras actividades divertidas que yo quería que asistiera pero que simplemente no encontraba el tiempo ya para ella. Después de miles de dólares gastados, tuve que admitir que la terapia simplemente no funcionaba. Fuimos a nuestro primer grupo de juego, a Jo Jo no le interesaba intentar comer con los cubiertos hasta que vio a sus amigos hacerlo. Así que lo hizo por mero gusto.

Siempre escucha a tu instinto.

Cuando Jo Jo iba a pasar del sistema escolar público al preescolar, tuvo que someterse a una serie de evaluaciones y observaciones. No le fue nada bien: Tuvo una crisis durante su evaluación cognoscitiva y obtuvo muy bajos resultados. Estos sugerían que tenía la capacidad cognoscitiva de una bebé de nueve meses. Los bien intencionados amigos y familiares me alertaban sobre no preocuparme por las evaluaciones, pero yo me resistí: sabía que mi hija era capaz de mucho más. La llevé a un centro de estudio de niños de una universidad para pedir una segunda opinión. Cuando llegó ahí para su evaluación, me sorprendí de lo que el personal logró que ella hiciera. Pude utilizar esa prueba para convencer a la escuela de que nos ofreciera mucho más servicios y escribir más metas razonables para ella.

No te estreses por enseñarle a ir al baño.

Tan pronto JoJo cumplió los dos años de edad, pasamos infinidad de horas sentadas en su hermoso bañito rosa musical, leyendo historias y canciones para cantar Los niños con síndrome de Down como otros niños con capacidades diferentes tienden a tener un tono de músculo más bajo, y por ende, tardan mucho más en tener control de su intestino como de su vejiga. No importó cuántas veces correteara a Jo Jo a su bañito cantarín, o cuantas estampas le diera; su pequeño cuerpo no tenía la capacidad de aguantarse. Claro que ya no usaba pañal para su segundo año de preescolar, pero no estuvo lo suficientemente lista hasta el jardín de niños. Al recordarlo, me doy cuenta de que ambas experiencias fueron estresantes para las dos. Si yo hubiera tenido más paciencia e incluso hubiera esperado un año más, nos habría salvado a ambas mucha angustia (y lavandería).

Prepárate para las miradas.

Cuando Jo Jo era peque y aún estaba en su carreola pasaba casi desapercibida, excepto por aquellas bien intencionadas señoras con aires de abuela que les gusta juguetear con los bebés. Pero a medida que ella crecía, comencé a notar lo que antes había temido: la forma en que los ojos de la gente se dirigen nerviosamente a ella antes de voltearse de manera incómoda. Cuando veo que alguien se le queda viendo, sonrío y les presento a Jo Jo. Algunos me devuelven la sonrisa, otros inician la conversación y también están los que sienten pena y prefieren irse.

Debes recordar que está bien que otros niños tengan curiosidad.

Cuando Jo Jo era pequeña, ella pertenecía a un grupo de juego que tenía desde que era bebé. Una vez que sus amigos llegaron al preescolar, comenzaron a hacer preguntas: ¿Por qué no habla Jo JO? ¿Por qué no corre de un lado a otro en el parque como nosotros? ¿Por qué necesita que alguien la ayude para jugar a las escondidas? ¿Por qué no puede comer sola? Estas preguntas eran incómodas, pero me di cuenta que los niños las hacían desde su punto de vista curioso, no de crueldad. Incluso cuando tenían dos o tres años, comenzaron a notar que había otros que eran "diferentes." Depende enteramente de nosotros, los adultos, explicarles que ser diferentes es algo que se debe atesorar y no avergonzar. Incluso hoy en día, cuando los amigos de Jo Jo hacen preguntas, trato de ser lo más abierta y directa que puedo.

Toma un tiempo para ti.

Es lo último en mi listado, pero debería ser lo primero. Tu pequeño está creciendo y finalmente va aunque sea por un par de horas al preescolar, por sí mismo. Resiste a la tentación de utilizar ese tiempo para limpiar la casa o para agendar citas para fotos y carpetas de comunicación para tu hijo. Destina ese tiempo para ti, ya sea para ir al gimnasio, hacerte las uñas o hacer planes con tus amigas. La realidad de nuestras vidas es que debemos estar 24/7 para nuestros hijos,así que aprovecha ese par de horas a solas y saboréalos. Así como tu hijo está aprendiendo importantes habilidades de aprendizaje en la escuela, tú también puedes aprender (¡o recordar!) cómo cuidarte a ti misma.