Por qué los niños son tan lentos
La razón por la cual su hijo es tan lento depende de su edad y personalidad. Saber por qué lo hace lo ayudará a usted a encontrar las maneras para que haga las cosas más rápidamente.

El niño lento, entre un año y lo dos años y medio

Si el niño es lento, tal vez tenga una buena razón para ello: muchas de las cosas que trata de hacer son destrezas nuevas, ya sea ponerse el sombrero, almorzar o salir del carro. El niño está practicando técnicas que aún no domina.

Por naturaleza, es más lento que usted en la mayoría de las cosas que hace.

El niño también encuentra el mundo tan interesante que algo atrae su atención a cada minuto. Tiene que examinar los insectos y las piedras, observar al técnico de la compañía telefónica cuando se sube al poste y ver cuando la puerta del garaje del vecino se cierra automáticamente. Su mundo está lleno de cosas fascinantes.

Si su hijo de dos años está en la etapa de actuar, es posible que use su lentitud para tratar de controlar la situación. Si le dice que es hora de bañarse y él se demora 40 minutos en dejar de jugar con sus carritos, salir del dormitorio y desvestirse, significa que encontró la manera de decir ¡No! con su lentitud.

Cómo lidiar con la situación

No hay una fórmula mágica para hacer que su hijo se mueva más rápidamente. Lo mejor que puede hacer es darle más tiempo y reajustar sus expectativas. Usted quiere que el niño haga las cosas por su cuenta, y si sigue apresurándolo, quizás deje de comer y desvestirse solo. También es posible que su lentitud se deba a un sentimiento de frustración.

Utilice su creatividad para tratar de apresurarlo. Haga una carrera: "Te apuesto a que puedo subir primero que tú." o "Voy a guardar los bloques rojos primero antes de que tú guardes todos los violeta.". Asegúrese de expresarle que aprecia sus esfuerzos por avanzar. No lo haga sentirse derrotado y no permita que sepa que fue un truco.

Si trata de ir de a algún lado y su hijo se detiene cada tantos pies, trate de distraerlo. Haga que participe en un juego que lo mantenga mirando hacia adelante y trate de entablar una conversación que lo mantenga con usted. Canten juntos. No vaya a un paso tan rápido que se le haga difícil seguir. También puede planificar de antemano y llevar un coche o cargador cuando sepa que van a caminar distancias largas o cuando no dispongan de mucho tiempo.

No se enfrasque en una lucha de poder son su hijo, ya que entonces disminuirá más su velocidad y ganará la batalla. Amenazarlo o castigarlo no es una manera eficaz de hacerlo cooperar, la distracción es su mejor defensa. En vez de empujarlo para que se mueva más rápidamente, manténgalo ocupado con juegos, canciones y conversando sobre cualquier cosa. Recuerde que esta fase no dura para siempre.

Cuando los más grandecitos son lentos

Si el niño ya es lo suficientemente mayor como para llevar a cabo sus tareas con rapidez, es posible que su lentitud ya sea un hábito. Es un problema común en aquellas familias que están abrumadas de compromisos e itinerarios. El niño se desconecta del constante "¡Avanza!", y tiene por costumbre retrasarse hasta que se le obliga.

Deje de decirle que avance y asegúrese de que usted y él tengan tiempo suficiente para hacer lo que haya que hacer. Déle una advertencia y déjelo solo. Cuando se pierda de algo debido a su lentitud, como por ejemplo que se le enfríe la comida o que ya no haya tiempo para leer un cuento antes de dormir, entonces lo entenderá. Deje que el niño asuma la responsabilidad cuando sea adecuado. A la larga, será mejor para ambos.

Lentitud o persistencia

A algunos niños se les hace difícil dejar una actividad para comenzar otra. Esta persistencia puede ocurrir en los niños de diferentes edades. Si su hijo tiene problemas en cambiar de una actividad a otra, quizás le parezca que es lento, aunque su problema puede ser la transición.

Trate de darle advertencias y tiempo suficientes antes de que la actividad nueva. Sea gentil, pero firme, cuando le diga que tiene que dejar de hacer lo que está haciendo. No le pida disculpas ni se acostumbre a darle cinco minutos más. El niño se sentirá más cómodo si sabe qué esperar.

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