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Tiempo de calidad con el bebé de seis a diez meses
En uno de mis artículos anteriores, describo un patrón de interacción valiosa y significativa entre un padre y su hijo, lo que llamé "tiempo de calidad". Cada mes, sugeriré uno o dos tipos de actividades que creo que son un "tiempo de calidad" para los niños de diferentes edades. Por supuesto, todo momento en que esté cargando, alimentando o hablando amorosamente con su hijo es un "tiempo de calidad". Sin embargo, para que se considere un "tiempo de calidad", según las características que he dado a la definición, la actividad debe:
  • tratarse de algo que el niño quiera hacer;
  • acaparar toda su atención;
  • no interrumpirse, excepto por una razón muy importante; y,
  • ser sólo entre dos, si es posible.

A continuación hay dos actividades de "tiempo de calidad" para infantes en la segunda mitad de su primer año. A esta edad, los bebés están casi listos y ansiosos para jugar, así que es muy fácil realizar actividades de este tipo con ellos. No tiene que preocuparse por si lo hace antes o después de comer, como lo haría con un bebé más pequeño. De hecho, un buen momento para una actividad de tiempo de calidad es entre las comidas, cuando el bebé está despierto y alerta, pero posiblemente un poco inquieto. De hecho, como ya he indicado, estas actividades son perfectas para la segunda mitad del primer año del bebé. Sin embargo, no tienen mucho efecto hasta después de los 8 o 9 meses.

Juegos de decir y hacer
Las actividades que sugiero son más viejas que usted, su mamá y su abuela. Luego de describirlas, hago algunos comentarios sobre el verdadero aprendizaje que conllevan. Todas las actividades en este grupo se pueden llamar juegos de gestos y palabras, si prefiere un término más rebuscado; yo las he llamado juegos de decir y hacer.
Tortitas y Te veo. Usted conoce estos juegos, así es que seré breve.
Con Tortitas, primero demuéstrele a su hijo la rima con las manos. Luego repítala con las manos del bebé. Hágalo de esta manera por un rato sin hacer variaciones. Entonces suéltele las manos y vea si imita los movimientos de las suyas. Luego, cuando el bebé esté sentado en el piso o en el corral, pregúntele si quiere jugar a las tortitas demostrándole los movimientos. Más tarde comience a hacer algunas leves variaciones. Haga una pausa entre frase y frase, y verá cómo el bebé espera ansioso por la próxima instrucción.

Este juego fomenta en gran cantidad el desarrollo. Piense en ello: imitación, asociación entre los gestos y lo que se dice, la percepción de rima y ritmo, la anticipación y ¡mucha diversión! Esta pequeña actividad de tiempo de calidad es un curso completo de desarrollo infantil.

(A propósito, existen ciertas variaciones para las Tortitas.) El juego de Te veo es igualmente profundo o hasta mucho más, porque lo esfuerza a pensar. El procedimiento es sencillo: coloque un pañuelo sobre la cara del bebé y diga "¿Dónde está mamá?" o "¿Dónde está papá?". Déjeselo por unos momentos, quíteselo y diga "¡Aquí está mamá, no se fue!”. Juéguelo también cubriendo la carita del bebé. (De hecho, asegúrese de que lo que use no cubra la nariz y bloquee los conductos respiratorios). Pregúntele: "¿Dónde está Antonio?". Luego diga con regocijo: "¡Ahí está Antonio, no se fue!". Este sencillo jueguito ayuda al bebé a darse cuenta de que estar "fuera de la vista" no necesariamente quiera decir que "se fue". Lo ayuda a internalizar imágenes, un aspecto muy importante para el desarrollo del pensamiento.

Invente su propia actividad.. Las Tortitas y Te veo son juegos que han ido pasando de generación en generación y millones de bebés lo han disfrutado y han aprendido de éstos. Sin embargo, es posible que cada familia tenga uno o dos juegos propios, los que se convierten en tesoros que guardamos en nuestra memoria. Uno que probablemente es particular de mi familia es Arre, Queenie. A los 8 meses, mi hija era muy ágil y activa. Cuando estaba boca arriba le encantaba agarrar el dedo índice de mis manos y halarse hasta sentarse. Luego se acostaba otra vez y extendía los brazos para hacerlo de nuevo. En aquel tiempo, estaba leyendo el libro The Sound and the Fury de William Faulkner, en el cual había una yegua llamada Queenie. Cada vez que el sirviente de la familia quería que la yegua corriera más rápidamente, le decía “Arre, Queenie.”. Cuando mi hija estiraba los brazos porque obviamente quería jugar, yo le preguntaba: "Quieres jugar Arre, Queenie?”. Con el tiempo, sin que me invitara, me recostaba a su lado y se lo decía” y ella empezaba a tensar los músculos del cuello. Esta variación de la familia Caldwell ha pasado ya a dos generaciones.