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La importancia del juego para los pequeñines
Los niños en todas partes del mundo, desde los de familia sofisticada que viven en la gran ciudad hasta los que habitan en villas remotas en los países en desarrollo, pasan gran parte del tiempo "simplemente jugando". Claro que sólo un adulto incluiría la palabra "simplemente" en la oración anterior, con la implicación de que, de alguna manera, el juego es un lujo al que sólo los muy jóvenes tienen derecho y que el juego de los niños no tiene mayores consecuencias.

Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad, ya que es mucho lo que sucede cuando los niños "simplemente juegan": desarrollan destrezas y hábitos y actitudes que retendrán durante toda la vida. Mediante el juego, aprenden a lidiar con su frustración, a tratar de seguir mejorando, a compartir con otros y a expresar verbalmente sus pensamientos y fantasías, y este aprendizaje es literalmente para toda la vida.

Así como a los niños no hay que enseñarles a llorar, caminar o hacer sonidos, tampoco hay que enseñarles a jugar. Esto no dignifica que los padres y maestros no desempeñen un papel importante en ayudar a los niños a potenciar su desarrollo mediante el juego, ya que la interacción con otra persona es crucial en el proceso. No obstante, los pequeños son capaces de jugar por sí solos y, muchas veces, hasta con el juguete más rudimentario. En Guatemala, vi a unos niños que empujaban la parte de adentro de una caja de cerillos por el muro de un jardín mientras hacían sonidos de automóvil y, para mi deleite, he visto niños en India extendiendo los brazos como si fueran alas, haciendo sonidos de motor y corriendo como si fueran aviones. Tal comportamiento no es exclusivo de la era moderna: se han encontrado restos de muñecos junto a algunas momias de infantes milenarias.

Aunque el juego es importante para las personas de todas las edades (como lo demuestra la nueva manía que tienen los adultos por el ejercicio: el "simple juego" de los mayores), resulta particularmente significativo e importante para los niños pequeños. De hecho, el juego es su trabajo e invierten una tremenda cantidad de energía y esfuerzo en ello. Si no me cree, sólo observe a un niño de un año por unos cuantos minutos mientras forcejea para colocar un aro en un cono o a un niño de tres años que intenta acomodar la pieza de un rompecabezas en el lugar apropiado. Si juega a rodar una pelota por el piso con un niño de dos años, usted será el primero en cansarse del juego; su pareja, por lo general, querrá seguir jugando indefinidamente.

El juego es importante para los niños pequeños al menos en tres aspectos: desarrollo de destrezas, desarrollo social e imaginación y creatividad. Cuando los pequeñines juegan, se da un aprendizaje en todas las áreas de desarrollo y lo que aprenden también es para toda la vida.

Podemos ver el desarrollo de destrezas cuando observamos a los niños pequeños jugar con los juguetes. Cuando un bebé extiende el brazo para alcanzar un sonajero y hace algo con éste, aprende a coordinar los movimientos de las manos con lo que ven sus ojos. Ese gran pediatra, el Dr. Arnold Gesell, escribió una vez que "La mente del hombre está hecha a mano". Esta declaración reconoce la enorme importancia que tiene para el niño pequeño el poseer objetos que pueda sostener, escuchar, palpar y manipular. Además, cuando los pequeños pasan trabajo para crear el efecto deseado con un juguete, descubren que no siempre será fácil y que, quizás, haya un problema que solucionar; que tienen que practicar para adquirir y mejorar las destrezas necesarias para alcanzar su meta.

El juego con otros niños es crucial para el desarrollo de las destrezas sociales. Al principio, los adultos son los compañeros de juego más importantes, pero al poco tiempo, los niños sienten el deseo de interactuar con otros de la misma edad. Mediante este tipo de juego, aprenden a llevarse bien con los demás: que puede que golpeando consigan el juguete que desean, pero que también pueden perder a ese amigo que tanto desean; que, al igual que ellos, los demás niños también desean cosas; que si comparten y son bondadosos obtienen mayores recompensas que si arrebatan y empujan.

El juego es el crisol en el que se pueden cultivar y expresar la imaginación y la creatividad. El niño que juega a ser un vaquero, una mamá, un hada o un bombero demuestra cierto conocimiento de esos papeles y está forjando sus propias ideas en cuanto a todo lo que los mismos suponen. Además, la niñita que "da nalgadas" a una muñeca mientras le dice: "No quiero que vuelvas a hacer eso." está liberando algunos de sus impulsos agresivos por medio de esta ruta fantasiosa, en vez de tratar de efectuar un ataque directo en otra persona. El juego provee este tipo de válvula de escape para los pequeños.

En otros artículos, ofrezco más información sobre todas estas funciones del juego: desarrollo de destrezas, desarrollo social y creatividad. Espero que le sirvan de ayuda para reprimir toda tendencia a criticar a su hijo por querer jugar todo el tiempo. Lo que los niños aprenden jugando es para toda la vida.
Dr. Bettye M. Caldwell Ph.D. Professor of Pediatrics in Child Development and Education