¿Por qué es importante que el bebé comprenda el concepto de causa y efecto?
Desde el momento que nace, el bebé está aprendiendo. Luego de un poco de experiencia en el mundo, el inquieto investigador comenzará a darse cuenta de que las acciones tienen un efecto sorprendente, aunque pronto predecible, en el ambiente. Por ejemplo: una mañana el bebé pateará por accidente la frazada y pensará, "¿Eso lo hice yo? ¡Sí, yo lo hice!". Pronto se volverá un juego: "Voy a hacerlo otra vez, sólo para estar seguro de que fui yo. ¡Lo hice otra vez!". Observe con detenimiento y verá cómo el bebé intenta nuevas formas diferentes de cambiar y poner a prueba el ambiente.

Los bebés aprenden primero sobre su poder para cambiar el ambiente que los rodea de la interacción con la madre y el padre. Cuando el bebé llora y usted responde sosteniéndolo en brazos y reconfortándolo, aprende que el mundo es un lugar en el que puede confiar. Cuando el bebé llora y usted responde ofreciéndole el seno o un biberón, aprende que las necesidades serán satisfechas. También aprende sobre su capacidad para afectar a quienes lo rodean. Cuando su sonrisa provoca una sonrisa en usted o que se le acerque y lo abrace, aprende aún más sobre el concepto de causa y efecto. Mientras más tiempo pase con el niño y mientras más formas de comunicación intente con él, mayores oportunidades tendrá de ayudarlo a aprender sobre cómo hacer que las cosas ocurran.

Muy pronto el bebé está listo para echarle un vistazo al mundo que hay más allá de sus brazos amorosos. Además, como pronto descubrirán, este mundo exterior está lleno de estímulos e ideas excitantes. Una de las formas más seguras de que el bebé aprenda a pensar de una manera lógica acerca del mundo es interactuando físicamente con el ambiente: si agita un juguete; produce un sonido interesante. Si el bebé derrama la comida en la bandeja de la silla de comer, se crea una mancha de colores en el suelo. A medida que los bebés van aprendiendo poco a poco que para cada acción, hay una reacción, fortalecen su comprensión del concepto de causa y efecto, lo que incrementa su sentido de control sobre el mundo.

Las manos no son la única fuerza trabajando cuando el bebé aprende el concepto de causa y efecto. Otra manera de hacer que las cosas ocurran es moviendo el cuerpo entero, como atravesar toda una habitación para alcanzar un objeto. Una vez que el bebé comience a gatear, querrá jugar con los juguetes y explorar las actividades que requieren halar o empujar, porque los resultados lo deleitan: las ruedan giran y el juguete se mueve hacia adelante.

La hora del baño provee otra oportunidad para aprender juntos. Muéstrele al bebé cómo golpear el agua para salpicarla. Agárrelo bien y demuéstrele cómo al añadir peso a la bañera (su mano, por ejemplo), el agua sube por el cuerpo del bebé. Muévalo hacia adelante y hacia atrás para crear olitas que el bebé disfrutará. En poco tiempo, el bebé entenderá el juego ¡y el baño nunca volverá a ser los mismo!

Muéstrele todo lo que vea. Ayude a que el bebé descubra qué se puede tocar y qué no; sobre qué cosas puede crear una reacción de causa y efecto, y sobre qué cosas no tiene ningún poder. El bebé puede ver el camión rojo, pero no lo puede tocar; está demasiado lejos. Puede ver los rayos del sol reflejados en la pared, pero no los puede agarrar; son sólo imágenes, no objetos. Lo mismo ocurre con el diseño de diamantes en la alfombra de la sala: el bebé puede intentar agarrar las figuras del piso, pero se dará cuenta de que es imposible. Entonces, tráigale objetos que pueda afectar, como un juguete que responda cuando lo toque o una actividad de juego en la que usted participe. Siéntense en un subibaja juntos y muéstrele la reacción de causa y efecto producida por el peso combinado (¡Sólo asegúrese de tenerlo bien agarrado!). Mostrarle que algunas cosas se pueden "afectar" con sus acciones, mientras que otras se resisten a moverse es una poderosa lección para el niño.