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La disciplina, Parte I: Algunos principios generales
Muchas de las preguntas que nos envían los padres tratan, de alguna manera, sobre la disciplina. Ciertamente, es el tema que nos preocupa, o mejor dicho, nos obsesiona, cuando somos padres. "¿Estoy disciplinando a mi hijo correctamente?". "¿Estaré afectando su personalidad por la manera como lo disciplino?". "¿Soy demasiado indulgente?". "¿Demasiado estricta?". Y así sucesivamente.

Además, parece ser un tema sobre el cual todo el mundo, excepto usted, parece ser experto. Su suegra le dice con plena convicción: "Si le dieras una buena nalgada a Kevin, dejaría de hacer eso.". Su mejor amiga le dice con presunción: "Bueno, yo puse a Ashley en 'time-out' una sola vez cuando trató de pegarme y nunca lo ha vuelto a hacer.". Usted se pregunta, "qué me pasa; por qué conmigo no funcionó así?". Créame, usted no es el único. Buscar la manera más fácil y segura de disciplinar a un niño de cualquier edad es soñar con lo imposible. Rara vez es fácil, y es un trabajo que nunca se termina.

Es realmente difícil escribir un artículo breve sobre la disciplina, ya que es un tema tan complejo. Por lo tanto, voy a dividir la discusión en dos artículos. En el primero discutiré algunos principios generales de la disciplina. En el segundo, ofreceré algunas sugerencias más específicas sobre los tipos de disciplina adecuados para los niños de diferentes edades. En este artículo, trataré cuatro aspectos que juntos componen lo que llamo una filosofía de disciplina.

1. Disciplinar significa hacer a una persona su discípulo. Piense sobre la raíz de la palabra disciplina. Es discípulo. Cuando usted disciplina a su hijo, está tratando de hacerlo su discípulo. En efecto, le está diciendo: "Sígueme y te ayudaré a aprender conductas que te ayudarán a evitar que te hagas daño, que te permitirán hacer y mantener amistades, que te ayudarán a desarrollar tu personalidad y tu potencial intelectual, que te harán una persona feliz". Implícitamente, le está diciendo "Merezco que me brindes toda tu confianza, no permitiré que vayas por el camino equivocado.".

Eso da miedo, ¿verdad?, y además es una carga demasiado pesada. Sin embargo, tener todo eso en mente le ayuda a darle un enfoque positivo a todos los procesos disciplinarios. Servirá para recordarle que la meta de la disciplina no es sólo dejar de hacer algo; su función básica es más bien la de hacerlo de otra manera. No es sólo cuestión de eliminar la conducta inaceptable, su meta primordial es que el niño adquiera la conducta aceptable.

Aceptar este principio como base de una filosofía disciplinaria automáticamente elimina de su repertorio la norma de "No hagas lo que yo hice, haz lo que te digo.". Una disciplina eficaz comunica la convicción de que usted es un modelo adecuado y que su propio comportamiento provee muchos de los ejemplos de qué es aceptable y qué no lo es.

2. Disciplinar conlleva "reaprender" y "desaprender".. Por lo general, cada cadena disciplinaria tiene dos eslabones: "desaprender algo" y luego aprender algo nuevo. A veces olvidamos ese segundo paso tan importante. "¡Si dejara de gritar cuando no tengo el almuerzo listo lo suficientemente rápido como para satisfacerlo!". Claro que quiere que deje de gritar (desaprender), pero también quiere que espere pacientemente (reaprender) mientras prepara su almuerzo. “Tiene que dejar de morder o no lo van a aceptar en el centro de cuidado diurno". Sí, usted quiere encontrar una técnica disciplinaria para que su hijo deje de morder, pero aunque lo verbalice o no, también quiere que aprenda a llevarse bien con otros niños. Todo esto tiene que formar parte del proceso disciplinario. Casi siempre nos concentramos en el primer, paso, en dejar de hacer la conducta no deseada, y nos olvidamos del segundo. Sin embargo, tratar el segundo paso puede, en ocasiones, resolver el primero sin mucha intervención de nuestra parte. (Fíjese que dije en ocasiones. No estoy violando mi propia filosofía de que una disciplina eficaz rara vez es rápida y fácil). En todo caso, el reaprendizaje necesario es el componente más importante de una disciplina eficaz.

3. No es fácil. Si hay algo que me molesta en la literatura que hay actualmente para los padres, es el aire de presunción con el que manifiestan que disciplinar a un niño pequeño es lo más fácil del mundo. “Bueno, sólo tiene que tener a la mano suficientes chocolates M & M’s" o “Determine cuál va a ser la esquina del 'time-out' y dígale a su hijo con voz firme que tiene que quedarse allí sentado hasta que deje de llorar." (o deje de hacer la conducta inapropiada que fuese). He visto a niños que no se pueden quedar quietos en una silla ni amarrados con una soga ni con la silla atornillada al suelo, un procedimiento totalmente inaceptable si lo que se trata es de hacer un discípulo. Claro que estoy exagerando, pero imagino que la mayoría de ustedes ha leído o escuchado sugerencias que implican que disciplinar es fácil y sencillo.

Casi nunca lo es. Eliminar una conducta indeseada y sustituirla por una más aceptable suele ser un proceso a largo plazo. Comencé a dar clases de desarrollo infantil cuando tenía veintitantos años, pero no tuve mis propios hijos sino hasta los 33. Uno de mis estudiantes me preguntó una vez que qué era lo más importante que había aprendido de ser padre que no había aprendido ya de mis estudios e investigaciones en el campo. No vacilé en contestarle: " Aprendí que no era tan fácil como pensaba.". Tratando de arrojar luz sobre el asunto, le dije que después de "Te quiero", la frase que más usaba con mis hijos era "¿Cuántas veces?". A pesar de saber que no significada nada para ellos y de que probablemente tendría un efecto negativo, me encontré diciendo "¿Cuántas veces te he dicho que no...?". ¿Ha dicho esto alguna vez? Si le ha sucedido, entonces sabe que estoy en lo cierto cuando digo que "hacer un discípulo" no es fácil, y que va a ser una tarea larga y posiblemente ardua.

4. Lo que funciona maravillosamente para un niño, puede que no funcione para otro.. Hay una vasta literatura sobre cómo disciplinar niños, mucha de ella de excelente calidad. Sin embargo, no se ha establecido un consenso claro sobre lo que funciona mejor en diferentes situaciones con niños de diferentes edades y tipos de personalidad. Digamos que usted quiere fomentar el que sus hijos compartan y quiere probar que una recompensa social (un abrazo, un halago, etc.) funciona mejor que recompensar con comida (chocolates, galletas, etc.). Primero, divida un grupo grande de niños en dos y entonces abrace o halague a los niños del primer grupo cada vez que compartan un juguete con otro niño. Por la misma conducta, recompense con comida a los niños del segundo grupo. Después de un rato, sencillamente cuente las veces que los niños de ambos grupos compartieron un juguete y verá que los del primer grupo tienden a compartir mejor (claro, es justo lo que usted predijo).

¿Por qué, entonces, cuando usted habla sobre este tipo de investigaciones en un grupo de padres, alguien de seguro le comenta: "Ya he tratado eso con mi hijo y no funcionó para nada?". La respuesta es que en las investigaciones, tal y como sucede en la vida real, hay niños que no responden como la mayoría. Existen importantes diferencias individuales en la manera como los niños reaccionan a un tipo de disciplina. Algunas veces, una técnica que funcionó a las mil maravillas con un niño no funciona con su hermanito. Los niños también se diferencian en la cantidad de esfuerzo que se requiere de su parte para que modifiquen su conducta. Es posible que un niño desista de una conducta indeseada luego de que lo mire mal una sola vez, mientras que otro tal vez necesite que se le mire mal unas cien veces y se le castigue otras cuarenta. El gran reto que tienen los padres es encontrar y usar la técnica que funcione mejor con cada uno de sus hijos.

Estos cuatros principios: crear discípulos, recordar la parte del "reaprendizaje" en el proceso, anticipar las dificultades y no buscar soluciones fáciles, y reconocer las diferencias individuales proveen una estructura para disciplinar a los niños de todas las edades. Tratar problemas específicos es más fácil que si fijamos la tarea dentro de este marco de referencia. En la Parte II de esta sección sobre disciplina veremos algunas de las técnicas específicas que he encontrado que resultan útiles y eficaces en niños de diferentes edades.