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Cómo tener mañanas sin complicaciones
Los primeros minutos, justo después de levantarse por las mañanas, suelen ser muy bonitos. Se queda recostada en la cama, quizás dándole gracias a Dios por otro día de vida. Se siente como si su vida fuera un reflejo de la Obertura de Guillermo Tell, pacífica y serena, llena de alegría y optimismo. De repente, escucha el segundo movimiento de la Obertura, el que casi siempre sugiere caballos a galope (el fondo musical de "El Llanero Solitario" de hace muchos años).

En ese momento, su casa se convierte en una galopada. Escucha niños despiertos y peleando por algo. Un vaso de cristal cae en el piso de losa del baño. Mientras grita "¡No se paren encima de los vidrios!", usted salta de la cama y comienza la rutina complicada de todas las mañanas. Se detiene únicamente para asegurarse de que el vaso era de plástico y pone a preparar el café. En ese momento, un soñoliento de dos años entra a la cocina arrastrando su manta, alzando los brazos y pidiendo en silencio que lo cargue. Con coraje con usted misma le dice: "Mamá no tiene tiempo para cargarte ahora. Tenemos que preparar a Katy para ir a la escuela y mamá tiene que ir a trabajar.". Aún diciendo esto, no se puede resistir ante ese pequeñito tan tierno y lo levanta.

Mientras tanto, la galopada continúa en la habitación. Katy no puede encontrar el zapato izquierdo aunque sabe exactamente dónde lo dejó. Tommy divisa su camión nuevo en la esquina y comienza a jugar. Entonces usted trata de llegar a un acuerdo: "Okey, te quedas jugando con el camión mientras mamá se viste.". Katy lloriquea porque la blusa que se ponía tiene un hueco debajo del brazo, la sigue hasta la habitación y le exige que la arregle de inmediato. No quiere ninguna otra blusa.

Este tipo de situación puede continuar indefinidamente y ¡ni siquiera hemos hablado del desayuno! Sin embargo, suele ocurrir una explosión final de tambores y trompetas que merece atención especial; la búsqueda de un objeto perdido y totalmente necesario que su hijo necesita llevar al centro de cuidado, justamente ese mismo día: "Katy, ¿dónde pusiste la hoja de permiso que firmé para que puedas ir a la excursión?". Katy no tiene la más mínima idea, y comienza la búsqueda.

Comienza la búsqueda y el poco de compostura que a usted le quedaba desapareció. Se pregunta qué es lo que pasa, si su vida vale la pena, cómo se puede evitar este tipo de cosa. En este punto, ya está hecha un manojo de nervios y todavía no se ha montado en el auto.

Pasé muchas mañanas como ésta antes de darme cuenta de que el secreto de evitarlas depende de la noche anterior. Con sólo planificar la noche antes para la "hora de la gangrena" (como mi esposo solía llamarle) a la mañana siguiente, este tipo de situación se puede evitar. O sea, prepararse para salir la mañana siguiente es parte de la rutina antes de acostarse.

Una buena manera de comenzar la rutina "antes de acostarse" (que también tiene sus complicaciones), es sugerirle a Katy que saque la ropa para la mañana siguiente y preguntarle a Jimmy si quiere llevar algo para compartir con sus compañeros en la escuela al día siguiente. Para ayudar a establecer esta rutina, usted puede seleccionar su propia ropa y dejarlos participar. Entonces, lo más importante es verificar si hay que firmar algún papel y dejar que los niños participen lo más posible. Da haber espacio en la casa, tenga unos estantes como los que tienen en la escuela cerca de la puerta por donde salen todas las mañanas. Coloque todo allí antes de acostarse a dormir, la mochila, la capa o el abrigo, el sombrero y los guantes (asegúrese que haya dos). No es mala idea que usted tenga un encasillado también.

Mi última sugerencia para "descomplicar" la mañana es la que usted no quiere escuchar: levántese 15 minutos más temprano de lo regular. Esos minutos adicionales le pueden proveer tiempo para los retrasos, para hablar entre ustedes, para abrazarse e incluso para otra taza de café.

Tengo que concluir esto con una palabras de precaución de mi nieta de once años, Rebeca, cuya vida familiar se caracteriza más por el amor que por la organización. Estaba de visita en mi casa cuando escribía este artículo y me comentó lo siguiente: "Oh, tú nos dijiste que tratáramos todo eso. Lo hicimos el primer día de clases y funcionó muy bien. Pero ya para el miércoles se nos había olvidado.".

Por lo tanto, si esto no se convierte en parte de la rutina, como bañarse y lavarse los dientes, no funciona. Ahora bien, si las mañanas son así de complicadas en su casa, trate de intentarlo más allá del miércoles y vea si mis sugerencias le funcionan.