icon-arrow-down icon icon-arrow-fill-down icon icon-arrow-next icon icon-arrow-prev icon icon-tag-close icon
Del balbuceo a la palabra
Los padres se emocionan con cada indicación del avance de desarrollo que muestra su bebé, "¡Mira, está levantando su cabeza del colchón!" "¿Lo viste tomando la sonaja y sosteniéndola?" Estos avances no parecen ser "grandes saltos hacia el progreso", pero lo son. Y los avances que tal vez producen más placer en los padres son aquellos que ofrecen una prueba de que el bebé se está volviendo realmente humano; produce sonidos que con tiempo se convertirán en palabras y se usarán para comunicarse. Nada es más fascinante para los padres y no se podrían involucrar más en otra actividad. Aunque los bebés nacen con la capacidad de convertirse en un organismo que habla -y lee y escribe- una gran cantidad de cuidado amoroso y educación tienen que tener lugar antes de que este milagro ocurra.

La manifestación más temprana de esta habilidad es el balbuceo que escuchamos en los bebés de 2 a 3 meses de edad en adelante. Cuando vas a levantarlo de la cuna, escuchas "ahhh" u "oooh". Es posible que repitas ese sonido o que le digas en un tono más alto algo como "Creo que estás listo para levantarte". Con esa respuesta, pateará o se agitará emocionado y repetirá sus sonidos. Si no le respondes nada cuando balbucea, o frunces el ceño cuando le cambias el pañal, no balbuceará con tanta frecuencia como lo haría si respondieras a sus sonidos. De esta forma, la primera necesidad absoluta para los padres que desean ayudar a sus hijos a avanzar por el camino "del balbuceo a los libros" es la respuesta. Es tan fantástico que, si respondemos a nuestros hijos cuando son pequeños, nos responderán también. El desarrollo del lenguaje avanza a través de ese proceso recíproco.

Cuando hablas ofreces mucho más que motivación, por supuesto. También das un modelo de los sonidos que se registran en el mundo del bebé. La investigación realizada en diferentes sitios durante los últimos 30 años ha demostrado consistentemente que los niños alrededor de los primeros seis meses de vida pueden discriminar entre todos los sonidos producidos en todos los idiomas. Pero gradualmente pierden esta habilidad y se vuelven incapaces de distinguir entre los sonidos que no escuchan regularmente en su entorno familiar. Así que ser un modelo es una función clave para que los padres ayuden a sus bebés a aprender a producir los sonidos que tendrán mayor importancia en su vida diaria.

El tercer componente clave es la estimulación. Todos los niños balbucean, incluso aquellos que han nacido sordos. Pero sin una respuesta a sus esfuerzos y buenos modelos de dónde aprender, los pequeños balbucean cada vez menos. Y, cuando dejan de balbucear, ya no practican los complicados movimientos de la lengua y los labios y otras partes de nuestro mecanismo anatómico del habla. Incluso, sus cerebros tienen menos oportunidad de hacer las conexiones necesarias para relacionar los sonidos con otra información sensorial. Pero sin importar cuánto balbucean, todavía tienen frente a ellos la conquista de la técnica de convertir los sonidos en palabras reales - palabras reales que representan objetos y eventos reales.

Es aquí que la estimulación es importante. Los padres necesitan etiquetar los objetos y las experiencias para sus niños pre-verbales. "¿Te gustaría un poco de LECHE? pregunta la madre, enfatizando la palabra "leche" y sosteniendo la botella antes de ofrecerla. "Mira, ahí viene PAPÁ". "Vamos a SALUDARLO", mientras toma la mano del bebé para hacer un movimiento ondulado. (De hecho, una forma maravillosamente eficaz de consolar a un bebé que llora es sostenerlo cerca y caminar por la casa simplemente "nombrando" o etiquetando los objetos ordinarios: "Siente la PARED; la VENTANA está fría; las CORTINAS son suaves." Los juegos de palabras, como "palmas, palmitas" y "tan grande" son fantásticos durante este periodo de transición (del balbuceo a las palabras), pues permiten que el bebé haga algo físico como parte del juego de lenguaje.

Y no pases por alto leerle a tu bebé como una técnica importante para proporcionar estimulación. Algunas personas piensan que los bebés son muy pequeños para responder a los libros, pero, si es así, no les han leído el tipo de libro correcto. Los libros simples, con muchas ilustraciones y pocas palabras por página, son maravillosos. Tu bibliotecario local te ayudará a elegir varios libros excelentes. O, haz el tuyo propio, las imágenes de las vacaciones familiares en carpetas plásticas, con unas cuantas palabras impresas por página, funcionan fantásticamente, así como recortes de revistas y catálogos. Para cuando el niño llegue a la edad de dos años, hacer sesiones de lectura semanalmente pueden ayudar a aquellos padres que quieran fomentar el desarrollo del lenguaje.

Los juguetes son muy importantes a través de este proceso. Precisamente porque a los niños pequeños les encantan los juguetes y se involucran en actividades con ellos durante un buen rato de su tiempo despiertos, son palabras importantes para verbalizar y ponerlas en el sistema. Y hablar con los infantes sobre sus juguetes nos da una oportunidad de llevar verbos -mucho más difíciles de dominar que los sustantivos- a la conversación. "TRAE tu camión". "LLEVA la muñeca a su cama". "¿Quieres MONTAR tu caballo?" Los niños necesitan etiquetar verbos tanto como sustantivos.

Sin embargo, los mejores planes para guiar a los niños no serían exitosos a menos que se realicen en una atmósfera de amor y cuidado. Si te molestas cuando tu niño de 9 meses no imita tus gestos para el juego Palma, palmita después de media docena de sesiones y dices "Lo vas a hacer bien esta vez o ya verás", olvídalo. No lo hará. Algunas veces, todo el lenguaje que escucha un niño es o una crítica o una orden. Y ese tipo de mundo de lenguaje no hace que el niño quiera hablar.

Hay una historia sobre Federico el Grande, Rey de Prusia, a principios de siglo 18. (Puede ser que la historia sea apócrifa, pero la he visto en muchos textos sobre desarrollo infantil a lo largo de los años). Quería saber qué idioma hablarían los niños si nunca hubieran escuchado un idioma, su teoría estableció que hablarían hebreo, el idioma del Antiguo Testamento. Para probar su teoría, fundó una casa hogar para un número de niños abandonados. Se ordenó a las personas a cargo de su cuidado alimentar y cambiar a los niños pero nunca, bajo ninguna circunstancia, hablarles o hablar con alguien cerca de ellos. Nunca obtuvo respuesta a su pregunta, porque todos los niños murieron. Sin amor y su recompensa de caricias y sonrisas y juegos, la vida no tenía significado y las palabras no pudieron florecer.

Como padres, ni de broma permitiríamos que existieran tales condiciones de privación social y lingüística en nuestros hijos. Sabemos que necesitan tener nuestro amor y atención y que el idioma que hablarán será el que nosotros hablamos. Conforme progresan del balbuceo a la conversación con palabras reales, les ayudaremos respondiendo a sus primeros intentos de vocalización, dándoles el modelo de una conducta de lenguaje apropiada y proporcionándoles estimulación suficiente para guiar y reforzar sus esfuerzos. Al crear estas condiciones, no sabremos si son nuestros niños o nosotros los que experimentan más placer durante este proceso.
Dr. Bettye M. Caldwell Ph.D. Professor of Pediatrics in Child Development and Education