icon-arrow-down icon icon-arrow-fill-down icon icon-arrow-next icon icon-arrow-prev icon icon-tag-close icon

Cosas de familia

Cuando el Perro Pasa a un Segundo Plano

Tener un bebé cambia todo; hasta a tu querido perrito.

COMPARTE

Para mi esposo y para mí, tener un perro siempre fue simbólico. Cuando nos sentimos listos para sentar cabeza, empezamos a recorrer los refugios para animales. No nos dio por tener un bebé. En lugar de eso, nos enamoramos de un perrito.

Quimby nunca se adaptó a nuestras formales ideas de "entrenar su conducta" o de "obediencia." Más bien, cada vez que salíamos a caminar juntos, algún peatón nos veía y comentaba, "¿Están paseando a su perro o ella los está paseando a ustedes?" Pero la amábamos de cualquier forma, con todas sus peculiaridades. ¡Era tan exuberante! ¡Qué sabor le sacaba a la vida, y a la basura en las calles!

Después tuvimos hijos. Todo pierde su simbolismo cuando tienes niños, especialmente los perros. De pronto pasó a ser solo un perro. Un perrito mal portado que besaba a los invitados de nuestros pequeños. Aun así, estábamos seguros de que algún día nuestros niños se beneficiarían de alguna manera de tener un perro, ganando inmunidad a las alergias, compasión hacia los animales y otras características intangibles que ni siquiera imaginábamos.

En realidad, pasó de ser el amado sustituto de los niños a una tarea más. Atrás se quedaron esos días que planeábamos llevarla al parque con una correa extra larga, o bien, ya no consideremos comprar bocadillos espaciales para ella. (Me pregunto ¿siguen haciendo ese tipo de bocadillos?)

Sus adorados juguetes para morder acabaron todos escondidos y fuera del alcance de nuestro pequeño para que no los mordiera él. Me molestaba sacar a pasear al perro con el bebé amarrado a mi pecho. Refunfuñaba por la dignidad de levantar su popó mientras maniobraba una carreola doble. Al caminar hacia la casa de campaña de uno de los niños a la mitad de la noche, me tropezaba con Quinby dormida a todo lo largo y maldecía.

Pero los chicos ya no son bebés. Finalmente, después de años de haberse convertido en un miembro de la familia con estatus de segunda clase, parecía que nuestro cachorro volvía a ganar terreno en el sentido del protagonismo, una vez que los niños crecieron y pudieron hacer realidad algunas de nuestras fantasías "niño-perro". ¿Acaso ella no les enseñaría a los niños todas esas cosas que se supone aprenden de tener un perro como el amor incondicional y eterno?

Bueno, imaginen una relación en donde jamás hubo un periodo de luna de miel. Ya que la perra había llegado mucho antes de los niños, siempre había estado en el patio trasero, así que la veían mucho más como un mueble que como una amiga. Quimby había siempre sido de nosotros, pero no de ellos exactamente. La perra siempre había estado ahí, no como una cachorra de novela o un regalo prometido. Los niños jamás habían esperado ni pedido un perro. Su presencia era prácticamente ignorada. Ella era simplemente una creatura de masa gris que apestaba sus cobijas cuando se dormía sobre ellas.

Pero hay momentos que veo chispas de compasión y cariño en la forma en que mis hijos tratan a la perra, y eso me pone muy feliz. Como cuando mi hijo explica a alguien el por qué nuestra viejita perra necesita utilizar el elevador de nuestro edificio en lugar de usar las escaleras o cuando mi hijo le pide a algún amigo que se quite de sillón porque está en el lugar favorito de nuestro perrito. El vivir con un perro viejito, es un ejercicio de paciencia para todos los que convivimos con ella.

No me lo tomen a mal, todos sentimos un amor profundo por nuestra dulce Quimby, quien en sus años dorados ha descubierto una verdadera pasión por pararse en medio de las habitaciones y mirar fijamente hacia el espacio. Ahora, que sus días finales están cerca, mi esposo le ha dado por preguntar una que otra vez, "¿Van a querer otro perro?" Sería muy bueno para los niños...sería su mejor amigo, y aprenderían mucho sobre responsabilidad..." Y esta vez, es posible que tenga razón.

Amy Shearn es autora de novelas The Mermaid of Brooklyn y How Far Is the Ocean From Here. Puedes encontrarla en amyshearnwrites.com y @amyshearn