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Cólico infantil: lo que los padres deben saber
El cólico es una patología muy frecuente, afecta a uno de cada cinco niños y puede darse a partir de las 3 semanas de edad, haciéndose más habitual a partir de las 6 semanas para desaparecer a partir de los 3 meses. Puede manifestarse con lloros, y puede darse a cualquier hora del día o la noche, aunque es más común por la tarde. A veces resulta difícil saber qué causa el llanto y cómo consolar a tu hijo. Aunque sepas que se recuperará con el tiempo, ésta puede ser una de las experiencias más difíciles para los nuevos padres.

¿Qué causa el cólico? A lo largo de los años, se ha investigado mucho para determinar las causas de los cólicos intestinales en los niños. El nombre "cólico" fue dado hace muchos años cuando se creía que el llanto de los niños era causado por problemas intestinales, ya que los síntomas pueden comprender abdomen distendido, posición de las piernas en alto y gases. Pero recientes investigaciones demuestran que menos del 10% de los niños con llanto excesivo tienen problemas intestinales u otras patologías.

Los expertos normalmente entienden que el llanto forma parte del desarrollo normal del sistema neurológico de los niños en los primeros meses de vida. Durante los 3 primeros meses, el cuerpo y el sistema nervioso de los niños atraviesan grandes cambios. Doblan su peso corporal y dan un estirón increíble, como no sucede en otra etapa de su vida. Además, desarrollan lazos afectivos con quienes los cuidan, empiezan a vocalizar, hacen gorgoritos para comunicarse, empiezan a intentar coger objetos y aprenden a permanecer despiertos durante el día y dormir por la noche. Adaptarse a todos estos cambios puede ser difícil para el sistema neurológico de los bebés.

El llanto es la primera forma de comunicación de sus sentimientos y necesidades. Muchos bebés lloran un total de una a dos horas durante el día. Los niños que padecen cólicos lloran durante periodos más largos y más intensamente debido a que son más sensibles y reaccionan en mayor medida ante los cambios que experimenta su cuerpo y su entorno.

¿Cómo puedo ayudar a mi bebé? Cada bebé es distinto., Lo que provoca episodios de cólico en un bebé no necesariamente los provoque en otro y de igual modo, lo que calma a uno puede no funcionar para otro. El reto para los padres es observar e intentar determinar qué es lo que le ayuda a superar estos episodios y qué no. Aquí hay algunos pasos los padres pueden probar:

Escribe un diario semanal para documentar los periodos de tiempo en que tu bebé se queja y llora. Anota qué situaciones le causan angustia y qué cosas pueden calmarlo.

Habla con el pediatra sobre el cólico. El doctor escuchará la historia, examinará al bebé para determinar si puede estar sufriendo algún problema médico que cause el llanto. Aunque los cólicos raramente están causados por problemas médicos, sí pueden darse si tu hijo tiene vómitos persistentes, diarrea, problemas en el crecimiento o cólicos continuados tras los 4 meses de edad. Por ejemplo:

Una alergia a la proteína de la leche de vaca: es probable que se dé en familias que ya presentan alergias. Si le das a tu hijo leche preparada, el doctor puede recomendar que la cambies por alguna leche especial hipoalergénica e hidrolizada, a base de caseína o soja, durante una semana. Si tu hijo tiene alergia a la leche, notarás claramente una mejora.

En niños lactantes, puede darse una reacción alérgica en respuesta a tu alimentación. Intenta eliminar la cafeína (café, té, bebidas de cola y chocolate), productos lácteos, cebollas y coles de tu dieta para ver si se reducen sus llantos.

Reflujo gastro-esofágico (el niño vomita o escupe), si al niño se le diagnostica este problema, el doctor le prescribirá un tratamiento.

Procura establecer rutinas para la alimentación, juego, salidas, baño y sueño del bebé. Intenta que las transiciones entre estas actividades no sean bruscas. Esto le ayudará a anticipar estos cambios y adaptarse a ellos con comodidad.

Identifica los momentos en que esté tranquilo y despabilado. Juega y disfruta con él de esos momentos.

Intenta evitar sobre estimularlo y cansarlo, especialmente por la tarde. El niño puede sobre estimularse si percibe a la vez imágenes, sonidos y movimientos.

Reconoce los primeros signos de angustia de tu bebé: cuando frunce el ceño, bosteza, mueve los ojos y distancia la cabeza, se pone rojo, respira irregularmente, sacude los brazos y las piernas, arquea la espalda y se queja. Responde a estas señales y ayúdalo a calmarse por si mismo. Puedes intentar lo siguiente:

Lleva al bebé a una habitación oscura y silenciosa.

Envuélvelo en una mantita para que se sienta seguro y abrigado.

Pon al bebé en tu regazo o sostenlo en tu pecho de forma que vuestra piel esté en contacto.

Mécelo suavemente.

Tiéndelo boca abajo sobre tus rodillas y dale palmaditas en la espalda.

Dale un chupete. Si el bebé se chupa el dedo o la mano, ayúdale a encontrarlo para que se calme.

Tararea, canta o háblale suavemente.

Si has hecho todo lo que puedes para calmarlo pero sigue llorando, puede que simplemente necesite desahogarse. Tiéndelo en su cunita y déjalo llorar. Vigílalo con frecuencia e intenta alguna de las técnicas anteriores más tarde. Nunca zarandees al bebé. Si te sientes estresada o decaída, pide ayuda al pediatra y a tu familia.

Habla con otros padres con hijos que sufren cólicos. Compartid vuestras experiencias, sentimientos y métodos.

Encuentra un momento al día para hacer un descanso en el que no tengas que estar pendiente de él. Déjalo a cuidado de alguien de confianza para relajarte. No pierdas la empatía, paciencia y confianza como madre. Tranquila, las cosas mejorarán en pocos meses.

Karen Sokal-Gutierrez M.D., M.P.H. Pediatrician