En mi trabajo como psicólogo infantil, me preguntan muy a menudo si encuentro diferencias significativas entre los niños de hoy y los de la generación anterior. Respondo que sí pues nunca he visto tantos niños obesos como en nuestros días.
Veo niños en la sala de espera que no pueden sentarse cómodamente porque están tan gordos que no caben bien en la silla. Algunos pequeños literalmente entran andando con dificultad en la consulta porque no existe separación alguna entre sus piernas.
Lo que me sorprende y me disgusta es la actitud arrogante de algunos padres ante la obesidad de sus hijos. En lugar de reconocer el serio problema que tienen sus hijos, se limitan a apuntar "Sólo está un poco regordete", o bien: "Sí, todavía tiene tripita de bebé". Utilizan eufemismos como "es de huesos grandes" y palabras cariñosas como "bolita", por ejemplo.
Por supuesto, la clase médica identifica la situación de forma muy distinta.
Desafortunadamente, como pediatra puedo decir que es extremadamente difícil cambiar los hábitos de los niños obesos, especialmente si alguno o ambos padres tienen sobrepeso.
Por esta razón, es imperativo enseñar a los niños desde muy temprana edad a comer adecuadamente e implicar a toda la familia en hábitos alimentarios saludables.
He pedido a un buen número de padres que consiguieron enseñara sus hijos a comer de forma saludable que compartieran sus estrategias conmigo.
Muchos de ellos animaron a sus hijos a comer abundante fruta y verdura y otros alimentos sanos desde una edad tan temprana como los ocho meses. Hicieron hincapié en lo importante que es enseñar a los niños una alimentación sana y colorida Alimentos dulces como la zanahoria, el pimiento, tomates, judías verdes, plátanos, naranjas, fresas, uvas y pasas constituyen un buen comienzo. Por seguridad, algunos de estos alimentos no deben darse a niños pequeños o si se les dan, antes cortarlos en trozos muy pequeños para evitar que se atraganten.
Los padres me comentan también que tratan de evitar los alimentos procesados, normalmente ricos en sal, calorías y grasas. También son reacios a darles comida rápida, por la misma razón. Las bebidas gasificadas y edulcoradas sólo en ocasiones especiales y cuando los niños sean mayores.
Lo que aprendí de estos padres es que al iniciar a sus hijos en este tipo de alimentación a una edad temprana, facilitan que éstos últimos disfruten de las verduras y las frutas y las incorporen en su dieta regular sin esfuerzo. Cuando los niños se acostumbran a comer alimentos saludables dejan de dar la lata pidiendo hamburguesas, pizzas, patatas fritas o chucherías. Esto no quiere decir que este tipo de comidas no estén permitidas, pero deben consumirse siempre con moderación.
Espero que los consejos de estos padres os ayuden a inculcar a vuestros hijos unos buenos hábitos alimenticios. Haciéndolo contribuiréis de forma muy valiosa a que lleven una vida saludable.
Nuestros consejos para padres son simples sugerencias. Le recomendamos que para cualquier duda, consulte con su médico. Si la consulta es urgente o de carácter médico, póngase inmediatamente en contacto con su médico.