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Desarrollo en la primera infancia

Once verdades sobre los niños de dos años

La edad de dos años no es tan terrible... pero está llenade berrinches antológicos, muchas preguntas y unos «te quiero» con los que se te caerá la baba.

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Está comprobado, la edad de dos años no es tan terrible. Cuando tiene dos años, tu pequeñín puede mantener una conversación (o algo parecido), puede ser divertidísimo (aunque no lo pretenda) y comenzará a mostrar rasgos de su futura personalidad (tampoco parará de subirse sobre cualquier cosa). Por supuesto, también habrá cambios y, si bien esto podría ser solo la opinión de una madre, aquí tienes once verdades sobre la edad de dos años.

1. Un niño callado de dos años no suele ser algo bueno. Claro, a veces te lo encontrarás en silencio mirando un libro, pero por lo general, cuando no oigas a tu pequeñín, hay muchas posibilidades de que esté cogiendo algo que no debería, como tu estuche de maquillaje, tu colección de discos de vinilo o el pollo que se está descongelando en la encimera de la cocina.

2. Las pataletas serán antológicas. Tu hijo está en una fase de desarrollo en la que aprende a explorar el mundo que lo rodea de una forma totalmente nueva, y es muy posible que reaccione con gritos y lágrimas cuando le digas que no, que no puede jugar con los botones del horno. Durante los berrinches más fuertes (que suelen ocurrir en público), tu hijo se convertirá en una especie de fideo escurridizo y te será imposible cogerlo o ponerlo en el cochecito.

3. La hora de la siesta será una bendición y una maldición a la vez. ¿Dos —¡o incluso tres!— horas por la tarde para ti? ¡Qué felicidad! ¿Pero qué ocurre si tu hijo se salta la ansiada siesta? Todo el día se puede ir al garete gracias a un niño cansado y de mal humor. La siesta pronto se convertirá en el momento clave para hacer tus tareas domésticas, tus actividades de los fines de semana y, francamente, toda tu vida acabará girando alrededor de las siestas.

4. Imitará todo lo que haces. Tu hijo puede copiarte cosas tan reconfortantes como un gesto cariñoso o tan desconcertantes como una palabrota. Cuando tiene dos años, tu pequeñín te espía como un investigador privado y toma nota de todo lo que haces y dices. ¡Quien avisa no es traidor!

5. Comienza a usar sus palabras. De repente un día te darás cuenta de que podría parecer que tu hijo se ha pasado la noche en vela memorizando el diccionario. Comenzará a decir frases de dos palabras y quizá ya no tengas que seguir haciéndole de traductor en las reuniones familiares o de amigos. Además, te darás cuenta de que echas de menos palabras tan encantadoras como «cochelate».

6. «¿Qué eto?». Sí, un niño de dos años que no para de hacer preguntas es el pan de cada día de muchas familias. A veces, las respuestas son sencillas, como la primera vez que ve una cebra en el zoo; pero otras veces, no lo son tanto, como cuando intentas explicarle por qué no puedes coger la luna del cielo, como en el libro de Eric Carle Papá, por favor, consígueme la luna.

7. Si quedas con sus amigos para que jueguen juntos, puede que no ocurra lo que esperas. A esta edad, tu hijo podría estar más interesado en su tren de juguete que en el amiguito que has invitado para pasar la tarde en casa. Los niños pequeños se entretienen con «juegos paralelos» en los que apenas se prestan atención entre ellos; mientras uno está ocupado con la cocinita, el otro está organizando una acampada en el tipi con los peluches. Y está bien que así sea.

8. Nunca se sabe cómo ni cuándo aprenderá a ir al baño. Es posible que se ponga muy nervioso durante todo el día, pero también podría resultarle de lo más fácil. Es lo que tiene aprender a ir al baño, que nunca sabes cómo le irá. Un día tendrá muchas ganas de sentarse en el baño, mientras que al día siguiente huirá de ti como si estuvieras intentando quitarle una magdalena. Pero no te preocupes, tarde o temprano estará listo para comenzar.

9. Las pegatinas podrían salvarte en más de una ocasión. A veces, las pegatinas son el único objeto que consiguen llamar la atención de tu hijo. Nadie sabe por qué.

10. La hora de acostarse será una lucha. Cuanto tu hijo comience a usar su cama de niño mayor, seguramente probará todos los trucos de manual para levantarse de la cama, indistintamente de lo bien preparado que lo tengas todo. También es posible que venga hasta tu cama mucho después de la hora de acostarse. Aunque no lo dirías, pueden resultar muy tiernas las primeras 15 o 16 veces de cada noche que te das la vuelta en la cama y descubres una carita mirándote. Luego, ya resulta más bien agotador.

11. No hay nada más encantador que cuando dice «te quieo». Con todo lo que llega a salir de la boca de tu hijo de dos años, no podrás evitar derretirte cada vez que pronuncie estas dos palabritas. Es posible que diga «te quielo» o incluso «ti quelo», pero da igual cómo lo pronuncie, lo que está claro es que no cabrás en ti de alegría.